El Papa Francisco, el juez Rosario Livatino y el IRA

Querido Papa Francisco:

He leído recientemente que va a beatificar como mártir al juez italiano Rosario Livatino, asesinado por la mafia.

Rosario Livatino, magistrado siciliano asesinado por la mafia en 1990

Quiero hablarle de varios jueces, abogados y familiares que fueron asesinados por terroristas del IRA asesinados en Irlanda del Norte.

Querría que se considerase la beatificación como mártires de estas víctimas inocentes del IRA.

Yo mismo fui miembro del IRA y le escribo como tal.

Un cordial saludo,

Shane Paul O’Doherty

shaneodoherty@gmail.com

El juez William Staunton

El IRA perpetró el primero de una serie de asesinatos que cometería en Irlanda del Norte de miembros de la comunidad jurídica al matar a tiros al magistrado residente William Staunton, católico, el 11 de octubre de 1972, cuando llevaba a su hija Sally-Ann en coche al convento de santo domingo, Calle de Falls, Belfast.

El juez William Staunton

Al juez Staunton le dispararon dentro de su coche, delante de su hija Sally-Ann y sus amigas del convento.

Al IRA no le preocupaba lo más mínimo traumatizar así a niños.

Sally-Ann Staunton, testigo del asesinato de su padre por el IRA

El juez Staunton moriría en el hospital tres meses después a causa de las heridas.

El juez Rory Conaghan

El 16 de septiembre de 1974, el IRA asesinó al Juez Rory Conaghan, católico, en su casa, delante de su hija de 9 años, Deirdre.

Unos vecinos tuvieron que llevarse a Deirdre de la escena del crimen. De nuevo, el causarle un trauma a una niña no tenía ninguna importancia para el IRA y en la fotografía se puede apreciar claramente la conmoción en la cara de Deirdre.

El juez Rory Conaghan, víctima mortal del IRA, y su hija Deirdre, después del asesinato.

Edward Daly, el sacerdote que se hizo famoso por agitar un pañuelo blanco en el Bloody Sunday, fue nombrado obispo de Derry el 31 de marzo de 1974.

En su libro de memorias, A Troubled See, el obispo Daly recordaba:

En septiembre de 1974 me llamaron para celebrar el que sería mi primer funeral de una víctima de la violencia desde mi nombramiento como obispo de Derry… El juez Rory Conaghan, miembro de una distinguida familia de Derry, era un hombre de gran inteligencia, integridad y fe. Era íntimo amigo mío y muy admirado en ambas comunidades.


Fue asesinado la mañana del 16 de septiembre de 1974 en su casa de Belfast por un terrorista del IRA Provisional que se hizo pasar por cartero. Esa misma mañana asesinaron también en Belfast a un juez adscrito, Robert McBirney.

En mi homilía prediqué:

«La muerte que lloramos hoy no es solo obra de una persona, sino de toda una organización. Antes de que ocurriera se celebró casi seguro alguna reunión, tuvo lugar una discusión, se tomó una decisión y se designó a alguien que realizase el trabajo. ¿Puede algún miembro de esta organización sentirse libre de la culpa de este crimen? Indudablemente, los asesinatos del juez Conaghan y del señor McBirney deben recordarnos el hecho de que nuestro país ya ha alcanzado un estado en el que solo puede permitirse una división: la distinción entre los que creen en tales actos y los que no.

Hay demasiadas personas que se hacen llamar cristianas y brindan apoyo pasivo a organizaciones de las que saben, en lo más profundo de sus corazones, que se oponen directamente a la visión y la enseñanza de Cristo. Tal vez estas muertes puedan ayudar a congregar a todos los miembros de nuestra comunidad que están dispuestos a manifestarse públicamente por los valores cristianos. No pueden matarnos a todos. La diferencia entre unionistas y nacionalistas se torna insignificante cuando uno se enfrenta a este tipo de salvajismo en el que se envía a un hombre a la muerte mientras desayuna a manos de un activista adolescente.

Sería mejor morir enfrentándose al mal que vivir consintiéndolo».

El juez Martin McBirney

El mismo día y en ese mismo momento, el IRA asesinaba también al magistrado residente Martin McBirney, protestante, en su casa y delante de su familia.

El juez Martin McBirney, a quien el IRA asesinó en la cocina de su casa

Estaba en la cocina de la parte trasera de su casa cuando un asaltante del IRA irrumpió y lo asesinó a tiros.

Tras el asesinato de los jueces Conaghan y McBirney, el portavoz del Consejo del Ejército del IRA (la agencia republicana de relaciones públicas de Dublín, Irish Republican Publicity Bureau) declaró que fueron asesinados porque eran «agentes voluntarios de un sistema judicial muy corrupto, deteriorado y malvado».

Martin McBirney era un destacado miembro del Partido Laborista de Irlanda del Norte.

McBirney se había casado con una católica y, en su etapa de abogado, había actuado en la defensa en casos de derechos civiles y había representado al activista socialista Eamon McCann.

Entre otras cosas, envió al reverendo Ian Paisley a prisión.

La declaración del IRA continuó y se refirió, incorrectamente, a las víctimas de asesinato como «jueces del Tribunal Superior de Justicia».

Los asesinatos de los jueces

No eran jueces del Tribunal Superior, sino que en realidad eran humildes magistrados residentes, aunque, en última instancia, esto al IRA no le importase.

El dolor de la familia McBirney se agravó cuando Frances Cooke, cuñada de la Sra. McBirney, murió de un ataque al corazón después de conocer la noticia del asesinato de Martin.

El juez William Doyle

El 16 de enero de 1983, el IRA asesinó al juez William Doyle cuando salía de la misa de la iglesia católica de Santa Brígida de la avenida Derryvolgie de Belfast.

El juez William Doyle, asesinado por el IRA cuando salía de la misa, y su posterior entierro.

El juez Doyle se había ofrecido a llevar a casa en su coche a una señora de 72 años y, cuando ambos salían de la iglesia, dos hombres armados del IRA le dispararon.

Recibió seis disparos en el pecho y el estómago.

La mujer de 72 años que iba con él recibió un disparo en el estómago que la hirió de gravedad.

El juez Tom Travers y Mary Travers

Dieciséis meses después, unos pistoleros del IRA volvieron a utilizar la misma iglesia católica para atacar al juez Tom Travers.

Un hombre armado disparó a su hija María, de 22 años, en la columna vertebral.

Cayó al suelo y su madre cayó con ella.

Un segundo hombre disparó a Tom Travers en el hombro, tirándolo al suelo.

Después, el atacante se le subió encima y le pegó cinco tiros más.

Milagrosamente, sobrevivió.

El juez Tom Travers y su hija María, asesinada por el IRA

El segundo atacante le puso después a la esposa de Travers la pistola en la cabeza y apretó el gatillo dos veces, pero el arma falló en ambas ocasiones.

Mary Travers, sin embargo, murió en los brazos de su madre.

Mary era maestra de escuela católica.

La intención del IRA estaba clara: asesinar al juez Y TAMBIÉN A TODA SU FAMILIA.

Gerry Adams había comparecido ante el juez Travers unas semanas antes de que atentaran contra el juez y su familia.

El juez Travers nunca cambió su convicción de que el atentado estaba en parte relacionado con asuntos acontecidos en la sala del tribunal aquel día.

El juez Maurice Gibson y su esposa Cecily

El 28 de abril de 1987, el IRA asesinó al juez de apelación Maurice Gibson, de 73 años, y a su esposa Cecily al hacer explotar su coche en la frontera, con denuncias de colusión entre el IRA y la policía irlandesa, An Garda Síochána, en relación con la transmisión de información sobre los detalles del viaje del juez.

Cecily y Maurice Gibson asesinados juntos por un coche bomba del IRA

El hecho de que los terroristas del IRA tuvieran pleno conocimiento de que Cecily Gibson viajaba en el coche con su marido no le generó al IRA ningún problema para detonar la bomba que la asesinó junto con su marido.

Solo se pudo identificar a la pareja mediante sus registros dentales.

Robin, Maureen y David Hanna

Quince meses después, el 23 de julio de 1988, los terroristas del IRA intentaron repetir la táctica del atentado en la frontera, esta vez con la intención de asesinar al juez católico Eoin Higgins y su mujer cuando viajaban en su coche hacia Belfast.

Pero en esta ocasión, al hacer explotar la bomba asesinaron en su lugar a una familia de Hillsborough que regresaba de Florida, de Disneylandia, Robin y Maureen Hanna y su hijo de 6 años, David.

Funeral de Robin, Maureen y David Hanna asesinados por el IRA

El IRA había confundido el coche de los Hanna con el coche del juez.

Peter Hanna, de diecisiete años, y su hermana Pauline, de diecinueve, quedaron para llorar la muerte de sus padres y de su hermano.

Pauline Hanna estaba preparando una fiesta de bienvenida a casa para su familia cuando estalló la noticia de la explosión.

Peter Hanna llora la pérdida de sus padres y de su hermano

La bomba de 500 kilos abrió un cráter en la carretera y esparció el equipaje y partes del cuerpo por una amplia zona.

Había de nuevo indicios de colusión entre el IRA y efectivos de la policía irlandesa, An Garda Síochána, en lo que respecta al conocimiento de los planes de viaje del juez Higgins.

El reverendo Gordon McMullan, obispo anglicano de Down y Dromore, declaró a los asistentes al funeral de los Hanna:

«Los portavoces que representan a los asesinos han puesto sus excusas y expresado su pesar. Pero el hecho es que Robin, Maureen y el pequeño David han muerto porque algunas personas actuaron con la intención ilícita y la planificación deliberada de herir y matar a otros seres humanos. De no haberle ocurrido a los miembros de la familia Hanna, les habría ocurrido a los miembros de cualquier otra familia. Los conspiradores planificaron matar y matar fue lo que consiguieron».

El abogado y profesor Edgar Graham

El 7 de diciembre de 1983, dos hombres armados del IRA dispararon en la nuca al abogado de Derechos Humanos y profesor de derecho Edgar Graham mientras estaba hablando con su amigo y colega Dermot Nesbitt en la Universidad de Queens en Belfast.

El abogado y profesor Edgar Graham, asesinado por el IRA en la Universidad de Queens

Edgar Graham no era juez.

Mientras el profesor de derecho de 29 años agonizaba en el exterior de la biblioteca del campus, y según lo atestiguó Lady Sylvia Hermon, los estudiantes republicanos del sindicato de estudiantes irrumpían en vivas.

Edgar Graham era una nueva promesa del unionismo y se le consideraba un posible líder del Partido Unionista.

El IRA se atribuyó el asesinato de Edgar Graham en una declaración y agregó que «debería servirles de lección provechosa a los lealistas que respaldan firmemente las leyes y fuerzas de opresión del pueblo nacionalista».

Por esta regla de tres, cualquier protestante que tuviera alguna opinión se convertía en «objetivo legítimo» del IRA.

Gerry Adams se negó a condenar el asesinato ya que no estaba dispuesto a «unirse al coro hipócrita de figuras públicas que solo manifestaban su condena a las acciones del IRA, pero callaban ante las acciones británicas»: la paramoralidad del «y qué pasa con» de Gerry…

Otro portavoz, Danny Morrison, opinó que «ha sido un muy, muy mal momento en el que parece que todo lo que el IRA ha tocado se ha convertido en tragedia».

Morrison se refería al hecho de que desde el anterior mes de noviembre, el IRA había asesinado a 17 personas inocentes «por error».

Tenías razón, Danny, todos y cada uno de los asesinatos perpetrados por el IRA fueron innecesarios, inmorales y criminales y solo después de eso puede hablarse de «tragedia».

El comentarista Alex Kane, recordando el asesinato de Edgar Graham, escribió:

«Lo asesinaron porque era el tipo de unionista que más temían: un unionista que deseaba que aquí hubiera un gobierno bueno, responsable y de coalición; un unionista que no tenía miedo de criticar a los paramilitares lealistas; un unionista que creía que valía la pena defender la ley; un unionista que podía aportar nuevas ideas y liderazgo al Partido Unionista del Ulster. Y, aun después de todo este tiempo, todavía no les agradan los unionistas como Edgar Graham. ¿Quién sabe si Edgar habría llegado a ser líder? Todo lo que tenemos que saber y recordar es que lo asesinaron porque era enemigo de todo paramilitarismo».

El 29 de septiembre de 1979, en Drogheda, ante 250 000 católicos, el Papa Juan Pablo II dijo:

«Me gustaría hablaros a todos los hombres y mujeres que ejercéis la violencia. Me dirijo a vosotros en un lenguaje de súplica apasionada. De rodillas os suplico que os apartéis de la senda de la violencia y volváis a los caminos de la paz».

A principios de la década de 1980 y de las huelgas de hambre, los obispos católicos de Irlanda declararon:

«Por consiguiente, rogamos a los que hacen huelgas de hambre y a los que los dirigen que reflexionen profundamente sobre el mal de sus acciones y sus consecuencias. El desprecio por la vida humana, la incitación a la venganza, la explotación de los huelguistas para favorecer una campaña de asesinatos, la intimidación de los inocentes, la iniciación de niños en la violencia, todo esto constituye una terrible magnitud de maldad».

Las bombas del IRA en Enniskillen

En noviembre de 1987, una semana después del atentado con bomba del Día del Recuerdo de Enniskillen, que mató a 11 víctimas, los obispos irlandeses manifestaron:

«No hay lugar para la ambigüedad frente a las actuales campañas de violencia republicana. La elección para todos los católicos está clara. Se trata de elegir entre el bien y el mal. Es pecado formar parte de organizaciones comprometidas con la violencia o permanecer en ellas. Es pecado apoyar ese tipo de organizaciones o pedir a otros que las apoyen. La gente tiene que elegir».

Los asesinatos públicos del IRA de dos cabos del ejército británico, Belfast, 1998

En marzo de 1988, tras los asesinatos en Belfast de dos cabos del ejército británico (asesinatos que se retransmitieron por televisión), el cardenal Cahal Daly comentó:

«Por el amor de Dios, librad a nuestros corazones de este veneno. El mal tiene que rechazarse por completo y de manera inequívoca. No puede haber ambigüedad alguna, ni doble rasero, ni indignación selectiva. Se ha visto la verdadera cara de la violencia del IRA y ha sido horrible verlo».

Patsy Gillespie, hombre que fue encadenado a un coche bomba del IRA

En el funeral de Patsy Gillespie en octubre de 1990: (un católico que fue encadenado a un coche bomba y obligado después a conducirlo hasta un puesto de control fronterizo del ejército británico donde el IRA hizo detonar la bomba por radio, matando a Patsy y a seis soldados británicos) el obispo Edward Daly comentó :

«la total contradicción del cristianismo: puede que digan que son seguidores de Cristo y algunos incluso puede que todavía participen en la hipocresía de venir a la iglesia, pero sus vidas y sus obras proclaman claramente que siguen a Satanás».

Si un juez italiano asesinado por la mafia va a ser beatificado como mártir, ¿por qué no pueden también ser beatificados como mártires los jueces y familiares asesinados por el IRA en Irlanda del Norte, algunos de ellos incluso salían directamente de una iglesia católica después de asistir a la Santa Misa?

Papa Francisco, ¿qué puede decir al respecto?

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